lunes, 22 de febrero de 2016

El drama de Israel



    Una de las situaciones más inquietantes que tiene planteada el mundo en la actualidad es la existencia de Israel. Ello augura una evolución amenazadora para el futuro de la nación israelí, envenena las relaciones en el Próximo Oriente y supone un peligro para la paz mundial.
    La historia de los judíos se caracteriza por una serie interminable de episodios bélicos en la antigüedad que culminó con la destrucción del templo de Jerusalén por los romanos. Ahí comenzó la Diáspora en el siglo I d.C. con la presencia en diversos países europeos. En muchos de ellos se extendió el antisemitismo para el que no conozco ninguna explicación plausible. No entiendo que un pueblo que desde hace cinco mil años se considera elegido por Dios, que no hace proselitismo religioso, sea objeto de tantas persecuciones hasta llegar al Holocausto en el que la locura criminal de los nazis  planeó el exterminio de la raza para lo que contó con la colaboración activa o pasiva de otros gobiernos y ciudadanos.
   
    Como reacción al trágico resultado de aquella hecatombe, la comunidad internacional auspició la creación de un Estado israelí en un territorio que los judíos llaman la tierra prometida por Yaveh desde que Moisés los condujo tras huir de la esclavitud egipcia, a pesar de que estaba habitado de antiguo por los cananeos, antecesores de los actuales palestinos.
    Tras varias guerras perdidas por los árabes en el siglo XX, la ONU  acordó dividir el territorio entre sendas naciones, acuerdo que  Israel, además de no cumplirlo ni respetarlo, desobedeció reiteradas resoluciones del Consejo de Seguridad, amparado en la ayuda incondicional de Estados Unidos  que veta toda condena de la Asamblea General. En consecuencia, puede decirse que Israel vive instalado en la ilegalidad internacional.
    Es triste constatar que los horribles sufrimientos, humillaciones y sadismo que sufrieron los padres, hermanos y abuelos de los gobernantes israelíes no les hayan enseñado a desechar tales procedimientos en su relación con los palestinos, con los cuales están condenados  a convivir, tanto dentro de su territorio, convertidos en ciudadanos de tercera categoría como con los que viven fuera de sus fronteras en condiciones inhumanas, pendientes de la ayuda internacional para subsistir, consumidos por la sed de venganza. Cuando una parte siembra opresión, arbitrariedad y fuerza bruta no puede esperar otra cosecha que odio y rencor.
    Es indudable que con tal vecindad, los israelíes están condenados a vivir en permanente estado de guerra, y no podrán ganarla definitivamente  por mucho que se armen hasta los dientes y construyan muros sobre territorio  ajeno que hacen más insegura la vida de quienes malviven fuera de ellos.
    La ceguera del gobierno de Tel Aviv no les permite pensar que están malogrando el futuro y poniendo en peligro su supervivencia. La alta tasa de natalidad de los palestinos les superará en número y será más arriesgado someterlos. Si se consigue el acuerdo de los pueblos árabes del Próximo Oriente, el peligro aumentará. La hegemonía iraní en la región agravará la amenaza. La imparable construcción de asentamientos en territorio palestino agudizará la tensión. El riesgo de que EE.UU. se canse de defender a Israel en la ONU y continuar con la ayuda militar que le presta al precio de empeorar las relaciones con el mundo musulmán, sería demoledor.
    Demasiados peligros que el paso del tiempo no hará sino agudizar, sin que los dirigentes israelíes abran los ojos a la realidad. Como Einstein, miembro de su raza, advirtió, si los israelíes no aprendían a existir con los árabes sufrirían otros mil años de persecuciones bien merecidos.
    Si no se llegase a un acuerdo razonable basado en el reparto equitativo del territorio entre las dos partes en disputa, Israel continuará siendo un permanente foco de tensión del que cabe temer funestos acontecimientos.

No hay comentarios: