sábado, 12 de agosto de 2017

La reforma laboral



A más de cinco años pasados desde la entrada en vigor de la reforma laboral aprobada por el Gobierno, es pertinente examinar las diversas opiniones sobre los resultados obtenidos con su aplicación. Como era de esperar, las valoraciones son divergentes según la posición social de cada uno.
Si los encuestados son los sindicatos sus opiniones son pesimistas, y no digamos si la pregunta se dirige a trabajadores en paro y los que solo laboran unas horas a la semana, con sueldos proporcionales que no permiten a sus familias llegar a fin de mes.
Quienes se muestran contentas pero no satisfechas son las organizaciones empresariales, curiosamente apoyadas por organismos internacionales tales como la Organización para la Cooperación y el desarrollo (OCDE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea. Para ellas la norma es acertada pero debería ser completada con nuevas disposiciones complementarias. Sus representantes  repiten como un mantra la necesidad de aumentar la flexibilidad laboral y salarial en aras de la competitividad. El Gobierno buscó con su reforma la devaluación salarial, la precarización del empleo en forma de contratación temporal, trabajo a tiempo parcial y el abaratamiento del despido, y lo ha conseguido. En estas condiciones es cierto que se han aligerado las listas del INEM pero con muchos empleos que no han liberado de la pobreza a los interesados. No se entiende el afán de la CEOE por exprimir aun más las condiciones de trabajo como no sea que pretenda legalizar el despido libre y gratuito. O sea, la completa indefensión de los trabajadores.
Es injusto que según las previsiones del Banco de España, el PIB crecerá en 2017 el 3,1% en tanto que los salarios no se incrementarán en más del 1%. Ello supone que algunos agentes económicos recibirán el 5% o más de la riqueza producida.
A todo esto vino a terciar en la cuestión el prestigioso economista vigués Antón Costas en su columna quincenal de El Pais Negocios. A su juicio, el mercado laboral español no es menos flexible que el de la mayoría de los países de nuestro entorno y atribuye la restricción de la competitividad a la pobre calidad media de la gestión empresarial, a la escasa dimensión media de las empresas y considera que los efectos de la reforma de 2012 sobre la competitividad y el crecimiento son irrelevantes.
Es posible que el crecimiento de las exportaciones se deba en una parte al menor nivel de los costes salariales, a lo que coadyuvaron otros factores coyunturales como la devaluación del euro, que por su naturaleza no son estables. Según Costas, la vuelta al crecimiento a partir de 2013 tiene poco que ver con la reforma y sí con la nueva política del Banco Central Europeo y la relajación de la Comisión en cuanto a su exigencia de austeridad fiscal.
Si los buenos datos de la economía deben poco a la reforma laboral, ¿qué efectos produjo o se derivaron de ella? Se puede decir que envileció el mercado laboral, erosionó el Estado de bienestar, decapitó las defensas de los trabajadores, debilitó la capacidad de los sindicatos y, como resultado de todo ello, descargó sobre la parte más débil de la sociedad el peso de la crisis, y ahondó la desigualdad social.
La derogación o corrección a fondo de la reforma es un imperativo de justicia social, de equidad y de solidaridad. Es un requisito indispensable para que el Derecho del Trabajo recobre el carácter tuitivo que tuvo desde su origen.

martes, 8 de agosto de 2017

Promoción pública de empresas



A juzgar por la información aparecida en Faro de Vigo del 31 de julio, el panorama de las inversiones de la Xunta de Galicia como aportaciones a empresas privadas en dificultades, es todo menos optimista, por las pérdidas que causan al erario público.
Xes Galicia (instrumento de la Xunta para este fin) es la gestora de una sociedad anónima (Sodiga) y seis fondos de capital riesgo: Emprende, Adelante, X-Innova, Fondo Tecnológico I2C, Galicia Iniciativas Emprendedoras y X-Impulsa Ferrol. Todas ellas financiadas mayoritariamente por el Instituto Gallego de Promoción Empresarial (IGAPE), excepto el último fondo en que aparece como partícipe Abanca. En los cuatro años anteriores a 2016 las pérdidas asumidas por Xes Galicia ascendieron a 70 millones de euros. A la vista de estos resultados, parece razonable una revisión de los procedimientos empleados y de la selección de las empresas beneficiadas.
Lo primero que sorprende a un observador imparcial es que todos los fondos, incluida Sodiga, y el Igape tengan por objeto la promoción de la actividad empresarial y sin embargo estén conformadas por entidades independientes. Demasiados gestores y expertos. Es de esperar que unos y otros sean elegidos por su capacidad y experiencia demostradas y no por sus afinidades políticas, como se hizo en las cajas de ahorros con las nefastas consecuencias que hemos conocido.
La capacidad de inyectar fondos públicos en organizaciones privadas en apuros es muy delicada de ejercer con objetividad e independencia, porque abundan los cazadores de subvenciones que lanzan la caña por si pica algún pez y de esta manera hacerse con una parte de la tarta. Para hacerlo más difícil, quienes deciden no siempre están libres de presiones. Si la responsabilidad se divide en siete entidades, es más difícil unificar los criterios. Además, la pluralidad de entes aumenta el personal y crece el aparato burocrático que puede atentar contra la agilidad administrativa que se reclama a los organismos públicos.
La concesión de ayudas públicas, además de ajustarse a la normativa aplicable, debe ir precedida de un concienzudo estudio del balance contable, de la viabilidad y competitividad de la empresa solicitante, del capital propio que arriesgan los promotores y, sobre todo, de la capacidad demostrada de éstos como gestores y cumplidores de sus obligaciones.
El hecho de participar en el capital social debe implicar el derecho de supervisión de las decisiones fundamentales de la sociedad ayudada, sin esperar a la presentación de las cuentas anuales, con el fin de evitar a tiempo malas prácticas que pueden conducir a la insolvencia.
Una cualidad exigible a la Administración es la publicidad y transparencia de sus actividades, condición especialmente aplicable a las convocatorias del IGAPE y de Xes Galicia a fin de que puedan concurrir quienes se consideren con derecho a hacerlo, habida cuenta del importe limitado de las ayudas disponibles. Con respecto a la publicidad, llama la atención que en Internet solo aparezcan las memorias del IGAPE de 2014 para atrás.
Por último, las cuentas son auditadas por KPMG, pero supongo que tanto Sodiga como los fondos, por ser entidades privadas, eluden la inspección del Tribunal de Cuentas.

sábado, 29 de julio de 2017

La vida y su sentido



Cada día que vivimos es un paso que nos aleja de la cuna y nos acerca a la tumba. Podría ocurrir que fuese un día perdido si no hemos sabido emplearlo bien. Lo cual sería una pena dado lo corta que es la vida, y además porque sería una pérdida irrecuperable. ¿Qué hacer para no incurrir en tan lamentable error? ¿Qué criterio seguir para dirigirnos hacia la meta ideal y aprovechar juiciosamente toda la duración de nuestra existencia?
Infortunadamente, o las preguntas están mal formuladas o carecen de respuesta. Así lo debió entender Antonio Machado cuando escribió este cuarteto: “En preguntar lo que sabes/ el tiempo no has de perder…/ Y a preguntas sin respuesta/ ¿quién te podrá responder?” Pero somos seres pensantes y las dudas nos incitan a activar la mente con la esperanza de hallar la clave oculta. Si lo lográramos sería tanto como conocer el sentido de la vida, saber para qué diablos hemos venido al mundo, a fin de adaptar nuestro comportamiento a ese destino.
El desconocimiento de este enigma vital nos llena de zozobra a la hora de ajustar nuestro quehacer a un principio trascendente. Somos como hojas otoñales arrastradas por el turbión, títeres manejados por fuerzas ocultas, destino contingente sometido al azar. Ante la incertidumbre de hacia dónde dirigir nuestros pasos, podemos elegir distintas alternativas, todas ellas insatisfactorias. He aquí algunas posibles:
1. Escoger la vida ascética.
2. Seguir la vocación religiosa.
3. Disfrutar al máximo de los placeres a nuestro alcance.
4. Dedicar todos los afanes al triunfo profesional y a la conquista de la fama.
5. Cifrar nuestra meta en la formación de una familia.
6. Hacer todo cuanto nos sea posible en favor de los demás.
7. Buscar por todos los medios la riqueza y el poder.
Cada una de estas opciones contiene una respuesta implícita a la gran cuestión del sentido de la vida, o en algún caso, a su negación. Algunas son excluyentes, por ejemplo la 1 y la 3; otras son complementarias, como la 5 y la 6, y todas contienen un algo de imperfección.
En el fondo, el problema radica en nuestro insaciable deseo de trascender, de encajar la vida en un proyecto global integrado del que sería parte la de cada individuo en el conjunto de la historia, la naturaleza y, el universo entero, con implicaciones incoherentes porque, ¿cómo aceptar, por ejemplo, que el destino de tantos animales es el de ser sacrificados, cocinados y digeridos por nosotros? Verdaderamente, no tenemos ni meros indicios para engarzar todas las piezas en un conjunto coherente.
Ese desconocimiento de las respuestas no solo nos incapacita para elegir nuestro rumbo sino también para orientar el de nuestros hijos, y ello nos resta autoridad como educadores.
Estamos condenados a vivir entre sombras, y no tenemos más remedio que abrir paso haciendo camino, orientados por los códigos de conducta que nos marcan la ética y el hecho de vivir en sociedad.
Tal vez tenga razón el dramaturgo suizo Friedrich Dürrenmat al afirmar que el sentido de la vida solo puede plantearse por personas frente a personas, y esto nos conduce a un comportamiento que hace referencia a nuestra actitud frente a los demás. La finalidad no sería otra que asumir nuestra participación activa en el bien común.
Ante tantas disyuntivas, el individuo reivindica el derecho a ser feliz, pero de nuevo surgen desafiantes las mismas interrogantes. ¿Cómo conseguirlo?, ¿qué camino seguir en la dirección correcta?, ¿no es la felicidad un objetivo inalcanzable planteado de forma particular?, ¿tiene algún significado la busca de la felicidad sin poder compartirla con otras personas?
La consecuencia sería que nuestra vida solamente podrá justificarse en la medida en que haya tenido como finalidad facilitar la dicha ajena, comenzando por la de los más allegados pero sin reducir nuestra solidaridad al ámbito familiar, sino en ver en cualquier semejante al prójimo evangélico.

domingo, 23 de julio de 2017

La muerte de un banquero



La defunción “por autolesión” según reza el informe forense, de Miguel Blesa, el otrora presidente de la Caja de Ahorros de Madrid, nos pone ante un caso paradigmático de quien alcanzó la cumbre del poder y de la riqueza y desde lo alto se precipita al abismo de la nada.

No se trata de juzgar su trayectoria, sino de una breve meditación sobre el voluble destino que aguarda a quienes no controlan sus ansias, instintos y apetitos. Blesa, que lo fue todo, no resistió el cambio de escenario al ser condenado a seis años de reclusión y estar pendiente de otras causas judiciales. Escogió la forma menos airosa y digna para irse por el foro mediante un disparo con la escopeta que utilizó para matar a muchos animales en sus cacerías por las reservas africanas.

El hombre que sin experiencia en el sector ni méritos propios accedió al cargo por el dedo de su amigo José Mª Aznar, a la sazón presidente del Gobierno, se hizo un hueco en el selecto grupo de los grandes financieros. Se sintió tan poderoso que se creyó inmune ante la ley, gestionando la entidad a su capricho, la llevó a la bancarrota, palabra apropiada en este caso, lo que obligó al Gobierno a realizar el mayor rescate bancario por importe de 22.000 millones de euros, que saldrán de los bolsillos de todos los españoles. En su tiempo la Caja emitió acciones preferentes que perdieron todo su valor y, en consecuencia, supuso la ruina de millares de personas que perdieron sus ahorros por haber confiado en la seriedad y honradez de la entidad emisora y terminaron siendo víctimas de una estafa colosal.

Como le ocurre a muchas personas que ocupan la cúspide del poder o de la fortuna, viven en una burbuja que les aísla de la realidad, y para ellas las personas solo son números. Su aislamiento en las alturas les impide comprender que tiempo, viento y fortuna presto mudan y que el fin, más o menos próximo, es ineluctable y que hay cosas que nunca se podrán comprar con dinero, como por ejemplo, tiempo.

Presumo que gentes como Blesa frecuentarán muy raramente –si es que la conocen- la poesía de Jorge Manrique, el poeta que en sus versos nos recuerda que, como los ríos, en llegando al mar, todos somos iguales, los que viven de sus manos y los ricos.

La muerte siempre nos abruma con su presencia y cuando es convocada por el interesado no podemos sustraernos a las preguntas sobre los motivos que indujeron al interesado a tomar tan trágica decisión. En el caso de Miguel Blesa, el hombre que nos abandonó por la puerta trasera sin decir adiós, nos preguntamos si lo hizo por falta de valor para soportar su pesadumbre, si el motivo fue el remordimiento por el daño causado o si no pudo resistir la presión de la calle y de los medios de comunicación. Todos estos interrogantes no tienen respuestas porque solo él podría darla y no se ha hecho público ningún testimonio suyo como despedida.

No soy juez ni me corresponde canonizar al suicida ni resaltar sus defectos. Solo procede intuir las razones que le llevaron a huir a las tinieblas.

Quedémonos con la idea de que algunas veces las culpas se pagan con un condigno castigo, y más frecuentemente es el remordimiento el que nos roba el sueño y nos hace vivir pesadillas.

martes, 18 de julio de 2017

Conciencia social



Vivir en sociedad implica una serie de derechos fundamentales que figuran en la Constitución en su título I, capítulo primero, la cual incluye también algunos deberes de los que no más de dos son exigibles coercitivamente: el servicio militar obligatorio –hoy eliminado- y el pago de impuestos.

Cuando se trata de exigir derechos, lo normal es que nadie se quede corto; bien al contrario, todos tendemos a ampliar los constitucionales, especialmente si de prestaciones económicas se trata. Queremos que sean generosas y de fácil disponibilidad. Que el Estado sea un buen pagador. Pero el Estado no es una especie de mago capaz de multiplicar los recursos. En realidad es solo un administrador de los medios que recauda. Cuando se le pide una prestación, se la estamos haciendo a todos los españoles.

Este planteamiento que es de una claridad meridiana, no siempre guía la actuación de los ciudadanos, lo que evidencia una falta de conciencia social. Solemos pedir a la Administración gastos sin límite y a la vez, hacemos cuanto sea o pueda parecer legal para restringir nuestras obligaciones con ella.

Semejante trato diferenciado se pone de relieve en numerosas ocasiones. A título de ejemplo, si para construir una vía pública hay que expropiar una determinada parcela cuyo propietario apenas se acordaba de aquel monte a matorral, de repente adquiere un valor como si en él se criasen trufas, y exige una indemnización correspondiente, aun a costa de interponer cuantos recursos permita la ley para imponer su criterio.

Si esta persona. por ser fumadora, contrajese un cáncer de pulmón, consideraría normal y justo que tanto las operaciones quirúrgicas como el tratamiento quimioterápico o radioterápico y los más recientes medicamentos sean de calidad y totalmente gratuitos.

Bien es verdad que la contraparte –Hacienda- no es ajena ni inocente de que la mentalidad insolidaria exista en la realidad. Al contrario, se la acusa con razón de prácticas en las que la ética brilla por su ausencia, tanto por lo que se refiere a la recaudación como a la equidad de las operaciones del gasto público,

El honrado contribuyente que cumple a rajatabla sus deberes tributarios se siente ofendido y maltratado cuando el Gobierno autoriza una amnistía fiscal que premia a defraudadores y evasores, con posibles cuentas en paraísos fiscales.

Este mismo contribuyente se rebela contra el empleo perdido de 60.000 millones de euros en el rescate de las cajas de ahorros que el Banco de España acaba de anunciar con la tranquilidad de que el asunto no va con él. Como si nada hubiera tenido que ver con él el descalabro. Las mismas entidades que incluían en sus hipotecas la cláusula suelo y la negativa a reconocer el derecho a la dación en pago.

A quien abona puntualmente sus cargas fiscales tiene que parecerle acertado que el ministro de Hacienda haga pública la lista de personas que hicieron de alarde fortuna y siguen viviendo en la abundancia mientras se olvidan de pagar sus impuestos, originando en conjunto una deuda de superior a 15.400 millones de euros a cargo de más de 4.540 morosos. Inevitablemente surge la duda de si Hacienda hace uso de los medios que tiene a su alcance para hacer efectivo el cobro de la deuda. Al parecer, tener un elevado nivel de vida no es incompatible con adeudar millones de euros.

La enseñanza que todos podemos extraer de lo antedicho es que el Estado y la ciudadanía tenemos mucho que mejorar en beneficio común porque todos formamos parte de la sociedad.